Cuando el bicho pidió cita y nació una estrella
Lola, que era cincuentañera recién estrenada, siempre había tenido una salud de hierro. Raramente enfermaba, y mientras otros encadenaban catarros, ella pasaba los inviernos como si le corriera Frenadol por las venas. Tenía un historial médico tan breve que parecía el currículum de un becario; tanto que daba risa:
—¿Alergias?
—Ninguna.
—¿Operaciones?
—Paperas con seis años. Grité mucho.
—¿Fuma?